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Bitácora de Desarrollo

Cómo me convertí en programador

En el año 2006 era un flamante estudiante de Ingeniería en Sistemas, tenía promedio de 9.5 y no me costaban los temas, pero si me costaban los profesores. En junio de ese año decidí que no quería ser una persona que hablaba de las demás personas como si fueran números y letras (ahora sé que existen ingenieros que no son así). Me fui un día de la facultad y no volví nunca más. Voy a confesar que las clases de dibujo técnico los viernes de 21 a 23 también tuvieron algo que ver.

Mientras tanto, trabajaba en un espacio de rehabilitación de adicciones dando talleres de computación para jubiladxs y para las personas en tratamiento. Esto siempre me gustó y lo disfruté mucho, lo que no compartía era la metodología de trabajo con las adicciones y eso me generaba bastantes problemas con el director.

La propuesta

En julio, un amigo vino a mi casa a proponerme que hiciéramos una revista. La idea era homenajear a nuestra banda favorita (Patricio Rey y sus redonditos de ricota) en el aniversario de su último recital, el 4 de agosto. Como tenía libre las horas de cursado, dije que si (todavía tengo el no difícil cuando las cosas me parecen divertidas y desafiantes). La idea era que, como yo tenía buen manejo de la compu, la diseñara (qué tendrá que ver) y, además, escribiera parte de los contenidos. Él y otro amigo también iban a escribir.

Nos pusimos a averiguar en imprentas y nos topamos con la realidad de que no había ninguna posibilidad de hacerla sin conseguir plata, cosa que no teníamos ninguna posibilidad de conseguir.

En ese momento parecía que la idea iba a morir ahí, hasta que les dije “me animo a hacerla en la web” y los dos me miraron con cara de “¿qué dice este pibe? Está loco”. Les conté que cuando era pibe hacía (intentos de) páginas en HTML de lo que hoy llamaríamos memes de los Simpsons: Juntaba todas las imágenes de la serie que encontraba y las iba acumulando y organizando bajo las famosas “marquesinas” de Front Page (textos animados). Un asco.

El comienzo de algo

Lo que queríamos hacer ahora era mucho más ambicioso y desafiante. Mientras ellos buscaban la ficha técnica de los discos, fotos y todo lo que tenía que ver con el contenido; yo leía, buscaba en foros, probaba, rompía todo, volvía a probar y aprendía.

Después decidimos sumar algunas notas más porque nos parecía que el contenido se quedaba corto, así que necesitábamos ampliar las posibilidades de la web. Había que hacer una doble estructura. Seguimos para adelante a contra reloj.

Le pusimos nombre y diseñé un logo (no pueden comentar sobre el mismo cuando lo vean), conseguí armar una estructura que nos servía para todo, probamos con el contenido real y al final, el 4 de agosto del 2006, pusimos online el número 00 de la Revista Jamming (por favor, véanla porque todavía me parece mentira).

Pasé un mes durmiendo dos o tres horas por día, pero valió la pena. La Jamming estaba viva gracias al HTML (sobre todo las tablas), el CSS y al amor (y a la limada de cabeza que un adolescente puede pegarse por su banda favorita). La hicimos circular y tuvimos muy buenas respuestas.

En septiembre no dio para más la situación en el trabajo. Le dije todo lo que pensaba a mi jefe y me fui, también para no volver.

Ahora estaba sin estudiar, sin trabajar y, por ende, sin plata. En esos tiempos, lo que más me gustaba y en lo que me gastaba todo el sueldo era en ir a ver bandas de rock, es todavía la música que escucho todos los días, y ya no tenía forma de seguir yendo.

Buscando respuestas se crece

Después de pensar bastante, me di cuenta que en todos los recitales hay algunas entradas que son gratuitas. Invitaciones y entradas de prensa. Resulta que teníamos un medio digital, cosa poco común y poco reconocida por esos tiempos, así que empecé a escribirle a todas las productoras y bandas a las que tenía acceso para que acreditaran a la Jamming como prensa. Para eso necesitábamos mejorar la web y a eso me dediqué desde entonces.

Ese año, nos llevaron de invitados varios amigos músicos. También empezamos a trabajar haciendo campañas de prensa para una banda que era conocida y eso nos permitió meternos en el ambienta. Las crónicas que escribíamos y las fotos que sacábamos para la Jamming (acá puse algunas de las mejores), eran muy populares y teníamos muchos lectores.
En el verano del 2007, Nueva Tribu (la productora más grande del interior del país) nos acreditó para ir a cubrir el Cosquín Rock. Desde ese día, se nos abrieron las puertas en todos lados.

Gracias a la Revista Jamming, descubrí las dos grandes pasiones de mi vida: la Comunicación y la Programación.

Entre el 2006 y el 2009, fui a más de 200 recitales acreditados y aprendí HTML, CSS, Flash, ActionScript, PHP y MySQL para mejorar siempre la revista. Desde el 2009, cuando creamos Lunestudio, desarrollamos más de 300 proyectos web y seguí aprendiendo.

Ahora sé lo que estás pensando y la respuesta es: sí, me hice programador para ir a recitales gratis.