(*) Aclaración mucho muy importante: Esto tal vez tiene spoilers.
La nueva temporada de The Bear nos invita a enfocarnos en lo que estuvo entre líneas, en segundo plano, en ebullición. Eso que se escapaba por todos los bordes de la olla a presión que era el restaurante, pero que era lo que en realidad estaba pasando: los conflictos sin resolver de la familia Berzatto.
No es casualidad que los momentos de mayor tensión y, a partir de esta temporada, mayor luminosidad de los personajes ocurran en los episodios trascendentales para la dinámica familiar: Un funeral, una cena de navidad, una boda. Esta temporada comienza y termina con charlas de los protagonistas en primerísimos planos. Tal vez eso fue lo que faltó en la temporada tres y por eso dejó la sensación de que se estaba perdiendo algo del espíritu de la serie.
Al mismo tiempo, esta dinámica familiar va permeando la de la otra familia, la ampliada, que es la de El Oso. Al ser testigos -y participantes- del vínculo entre los Berzatto, los otros personajes van tomando decisiones sobre sus propias relaciones familiares, sobre todo los más jóvenes.
La serie transcurre, como no puede ser de otra forma, por las etapas del duelo que es en esencia el conflicto fundacional. Hasta ahora veníamos transitando entre la negación, la ira, la negociación y la depresión. En esta temporada parece que llegamos a la aceptación y por eso es que es la más esperanzadora de las cuatro y la que permite a los personajes hablar de lo que realmente sienten. Ese momento es tan duro y tan difícil que les genera un tsunami de ansiedad en cada momento y por eso el cigarrillo vuelve a ser protagonista de los momentos más humanos. Hasta Syd, que no fuma, lo necesita para poder abrirse y decir lo que le está pasando.
Cuando Carmy habla sobre ser un obstáculo para el restaurante, luego de la visita a la casa de DD, es muy difícil no pensar en que lo que quiere es no repetir el error de su madre con la gente que le importa. Si sobreinterpretamos, también está poniendo a Syd en el lugar que le hubiera gustado tener con Mike. Está reconociendo patrones y tratando de romperlos, “rompiéndolos”, como se menciona en la serie.
También es esto lo que hace que, incluso con una cuenta regresiva que inicia en el primer episodio, el restaurante no esté en primer plano. Esta vez se abrió la olla para darle lugar a la verdad que cada uno callaba.
Si este es el final, es un buen final. Este conflicto humano encontró un cauce. Pero espero, con muchas ganas, que haya al menos una temporada más para saber qué pasa con El Oso.
